La sostenibilidad no es un rasgo de la personalidad. Todos, no solo los más “pro-sociales”, pueden tomar la decisión de actuar en el mejor interés de nuestro planeta. A medida que la situación se vuelve cada vez más grave, la acción colectiva mundial se necesita ahora más que nunca.

Todos lo hemos escuchado antes: el mundo se está calentando, el nivel del mar está subiendo, los casquetes polares se están derritiendo, etc. Ya sea que estén enfrentando un desastre o reparando las consecuencias; Las calamidades ambientales, desde incendios forestales hasta huracanes, afectan constantemente a las poblaciones de las regiones costeras habitadas y los territorios insulares desprevenidos. Incluso aquellos de nosotros que tenemos la suerte de que no destruyan sus hogares todavía nos vemos afectados por los efectos del cambio climático, que se están volviendo cada vez más graves. Por lo tanto, es sumamente importante que las diferentes disciplinas combinen su comprensión y eviten mitigar esta crisis.

Los psicólogos no son ajenos al término “pro-ambientalismo”, que se ha convertido en una prioridad en la investigación, a la luz del empeoramiento de las condiciones que enfrentan los ecosistemas de nuestro planeta. Esta investigación se esfuerza por desarrollar técnicas de cambio de comportamiento que intentan reemplazar el comportamiento ‘egoísta’ y ‘anti-ambiental’ existente con acciones innovadoras ‘prosociales’ y ‘sostenibles’.

Suena bastante simple, ¿verdad?

El razonamiento es el siguiente: si podemos determinar qué factores están impidiendo que los individuos actúen de manera proambiental, podemos crear intervenciones para convencerlos de que cambien su comportamiento a fin de beneficiar el futuro de la Tierra. Sin embargo, como han señalado otros investigadores, ya no es suficiente limitar nuestra comprensión de la negativa de las personas a actuar en el mejor interés del medio ambiente a un puñado de características. Por ejemplo, se afirmó que los rasgos de personalidad detrás de la inacción son la culpa, la vergüenza y los sentimientos de incomodidad o hipocresía, entre otros. Además, argumentan que el comportamiento sostenible es un “Nuevo tipo de comportamiento prosocial”; uno que es considerado virtuoso. Aquí es donde no estoy de acuerdo.

Dejame explicar. Una virtud se conoce comúnmente como una cualidad que hace que alguien se destaque o florezca; una fuerza de carácter. En el contexto actual, lo que hace a alguien ‘virtuoso’ es que toman decisiones ambientalmente favorables, a pesar de la disponibilidad de alternativas insostenibles, pero después de numerosos informes de que la producción de plástico se duplicó desde 2005 o de que los bosques tropicales fueron eliminados en su totalidad para dar cabida a más industria. , No puedo evitar preguntarme si esto realmente puede ser lo mínimo que alguien podría hacer.

Por tanto, este comportamiento no es prosocial; es necesario. La voluntad de participar en iniciativas de mitigación del cambio climático puede variar a nivel individual, pero es responsabilidad de todos. Todo el mundo es capaz de eso. Además, el comportamiento sostenible no es un concepto nuevo. Las culturas indígenas tienen una larga tradición de obtener los recursos naturales que necesitan y saber cuándo han tomado los suficientes. Debo agregar que por “larga data” me refiero a cientos de años y ni una sola vez sus fuentes de alimento y refugio han estado en riesgo de agotamiento. Estos ecosistemas son su hogar, en el que el término ‘sostenibilidad’ nunca tuvo que ser mencionado, porque su existencia nunca supuso una amenaza para la Tierra que habitaban. A su vez, no necesitaban cuestionar el futuro de su especie.

Siempre hablamos de sostenibilidad como si tuviéramos una opción (papel o plástico, gas o eléctrica, bicicleta o coche), y felicitamos a quienes a menudo toman la ‘decisión sostenible’ y los llamamos “prosociales”. Esto a pesar de que las consecuencias de las acciones anti-medioambientales van mucho más allá del bienestar humano y han tenido un impacto permanente en las innumerables especies de animales, insectos y otros organismos que hoy ya no están con nosotros.

Finalmente, mi punto es que la sostenibilidad debería ser la única opción, que requiere más que meros esfuerzos individuales; necesitamos urgentemente una acción colectiva. Las intervenciones conductuales con apoyo empírico anteriores aún se están desarrollando y los psicólogos continúan consultando con los funcionarios del gobierno para promover cambios a nivel estructural. Si lo mejor que podemos hacer es elegir entre papel o plástico, todavía nos queda un largo camino por recorrer.

Si la sostenibilidad es una virtud, debemos ser virtuosos a escala global. Ser “prosocial” no es suficiente.