Debido a la pandemia, muchos jóvenes no se sienten bien. Para ayudarlos a enfrentar mejor el estrés relacionado con COVID-19 y mantener su bienestar mental, es importante comprender cómo se estimula la resiliencia. ¿Qué se necesita para ser resiliente en respuesta a esta crisis?

“La adolescencia no es solo un período de grandes oportunidades, sino también de un riesgo considerable”.

Las interacciones sociales cara a cara son fundamentales para la salud física y mental (Baumeister y Leary, 1995). Las medidas de distancia física que se están aplicando en todo el mundo para frenar la propagación del COVID-19 pueden, por lo tanto, tener graves consecuencias negativas para el bienestar.

Durante la adolescencia, la falta de interacción con los compañeros puede ser particularmente angustiante, ya que es un período sensible para el desarrollo social durante el cual las relaciones con los compañeros se vuelven cada vez más importantes (Blakemore & Mills, 2014, Orben, Tomova et al., 2020). Este período de la vida (entre 10 y 24 años) también se caracteriza por una alta vulnerabilidad a los problemas de salud mental. De hecho, el 75% de los problemas de salud mental en los adultos comienzan antes de los 24 años (Lee et al., 2014), por lo que la adolescencia no solo es un período de grandes oportunidades, sino también de considerable riesgo.

Para ayudar a los jóvenes a enfrentar mejor el estrés actual relacionado con el COVID-19 y, en última instancia, proteger su salud mental, es imperativo comprender cómo desarrollar la resiliencia en este grupo de edad vulnerable. Al igual que la inteligencia, la resiliencia es un concepto del que probablemente muchas personas hayan oído hablar, pero ¿qué significa? De Verdad ¿malo? A menudo, la resiliencia se describe como una capacidad innata que protege a las personas del estrés. Sin embargo, esta no es la historia completa y, en este artículo, estamos tratando de proporcionar información más básica sobre lo que significa la resiliencia, si se puede medir y cómo, y qué se necesita para desarrollar la resiliencia en los jóvenes.

Factores de riesgo

Investigaciones anteriores han identificado varios de los llamados factores de riesgo que hacen que los jóvenes sean vulnerables al estrés y, por lo tanto, pueden hacerlos más susceptibles a desarrollar problemas de salud mental. Uno de estos factores es un historial de adversidad en una etapa temprana de la vida (es decir, abuso y / o negligencia infantil; Edwards et al., 2003; Ioannidis et al., 2020). Desafortunadamente, más de una de cada tres personas en todo el mundo está expuesta a alguna forma de adversidad infantil (Kessler, 2010). Sin embargo, no todas las personas con estas experiencias estresantes desarrollan problemas de salud mental. Estos individuos se adaptan bien, a pesar de sus experiencias estresantes en los primeros años de vida y, por lo tanto, pueden describirse como resistentes.

Con base en estas percepciones, uno puede preguntarse por qué no existe una prueba directa que pueda, en sentido figurado, medir la temperatura de resiliencia de alguien. De esa manera, los científicos podrían identificar fácilmente a las personas en riesgo de desarrollar problemas de salud mental después de la adversidad en una etapa temprana de la vida y luego centrarse en ayudar a los más vulnerables. Si bien esta prueba es innovadora, la investigación ha demostrado que medir la resiliencia no es tan simple.

La resiliencia es dinámica

Hoy en día, la ciencia se centra en tres aspectos centrales de la resiliencia:

  1. de un individuo capacidad para responder bien al estrés futuro,
  2. la dinámica real proceso su respuesta al estrés, y
  3. La resultado después del estrés (Choi et al., 2019; Kalisch et al., 2017).

Contrariamente a las creencias anteriores, la capacidad de recuperación de un individuo no es estática, pero puede cambiar con el tiempo. Y si se le proporciona la nutrición adecuada, se puede fortalecer, como un músculo. Los investigadores de resiliencia llaman a esto factores de nutrición, protección o resiliencia. Estos factores están interconectados y pueden encontrarse dentro y fuera del cuerpo humano.

Por ejemplo, la investigación de nuestro laboratorio ha demostrado que el apoyo social de los amigos es un factor de resiliencia particularmente importante en los jóvenes (Fritz et al., 2020; Moreno-Lopez et al., 2021; Van Harmelen et al., 2016; Van Harmelen et al., 2021). Apoyar la idea de que los diferentes factores de resiliencia están inextricablemente entrelazados proviene de investigaciones en las que hemos demostrado que las interacciones positivas con amigos están asociadas con una mayor autoestima y una reducción de las respuestas al estrés en el cerebro, lo que ayuda a los jóvenes a ser más resilientes (Fritz et al. 2018; Van Harmelen et al., 2021).

Além disso, descobriu-se que as interações positivas são importantes para a formação de memórias novas e positivas que promoverão comportamentos e expectativas saudáveis ​​no futuro e, em última análise, melhorarão a resiliência em jovens vulneráveis ​​após suas experiências negativas no início de la vida. En consecuencia, los factores de resiliencia no deben estudiarse de forma aislada. Por ejemplo, el perfil genético de un individuo probablemente moldeará sus respuestas cerebrales al estrés, pero también lo harán sus amistades, el apoyo familiar y las sociedades y culturas en general.

Múltiples factores de interacción

La idea de que varios factores (o sistemas) se influyen mutuamente de forma bidireccional tiene implicaciones importantes para comprender la resiliencia. Primero, implica que la capacidad de un joven para responder bien al estrés depende de factores de resiliencia externos e internos que pueden variar con el tiempo en la misma persona. Por ejemplo, imagina que tu mejor amigo se muda a una ciudad diferente o incluso a un país diferente, o que uno de tus padres se enferma gravemente y te causa un estrés inmenso. Estos eventos de la vida pueden suceder, pero (con suerte) no ocurren con regularidad.

En segundo lugar, este enfoque de la ciencia de la complejidad (es decir, la idea de que los mecanismos complejos e interrelacionados facilitan el funcionamiento resiliente después de la adversidad infantil) sugiere que no existe el ‘gen de la resiliencia’ o la ‘personalidad resiliente’, y que no existe un biomarcador único. o prueba de laboratorio que puede medir la capacidad de recuperación de una persona.

Apoyar la resiliencia

La ventaja de tener varios factores que influyen en el funcionamiento de la resiliencia es que la resiliencia puede potenciarse proporcionando a los jóvenes los recursos o las habilidades adecuadas para afrontar mejor el estrés. Por lo tanto, hay muchas acciones concretas que se pueden tomar para ayudar a los jóvenes a desarrollar y mantener la resiliencia, especialmente durante la pandemia actual. Por ejemplo, las tecnologías digitales y las redes sociales pueden ayudar a mantener amistades en línea. Además, llevar un diario o crear una carpeta de correo electrónico “feliz” puede aumentar la capacidad de los jóvenes para recordar interacciones sociales positivas.

Además, las familias, las escuelas y los profesores también pueden desempeñar un papel fundamental. Por ejemplo, las familias pueden modelar formas de mantenerse en contacto con amigos (por ejemplo, escribiendo cartas o eventos al aire libre socialmente distantes), pueden hablar sobre el valor de la interacción personal y lo que significa cuidar las amistades. Las escuelas pueden establecer “sistemas de amigos” virtuales después de la escuela para que los niños se relacionen e interactúen, así como implementar ejercicios que enseñen estrategias para interacciones positivas con sus compañeros. En resumen, el dicho “se necesita una aldea para criar a un niño” también se aplica a la resiliencia de un niño: una aldea, con todo lo que tiene que ofrecer, puede ser realmente el mejor lugar para criar a un niño resiliente.

En resumen, la resiliencia no es una habilidad estática innata que tengas o no tengas. La resiliencia describe las diversas facetas del proceso de respuesta y la buena adaptación al estrés. Este proceso puede variar con el tiempo y puede mejorarse si se respalda con los recursos adecuados. Un factor de resiliencia importante que parece ser particularmente crítico para el bienestar de los adolescentes, específicamente durante la actual crisis de COVID-19, es el apoyo social de los amigos. Así que habla con tu amigo hoy, sin importar si tienes menos de 24 años o menos, y cuéntale lo que has aprendido sobre la resiliencia y por qué es tan importante para tu bienestar físico y mental.